En una industria donde la inmediatez suele imponerse al recorrido, Alba María Tissera representa una generación de intérpretes que ha decidido recorrer el camino menos ruidoso: el del aprendizaje constante, la formación sólida y la construcción pausada de una carrera artística.

Nacida en Madrid en 1996 y con raíces argentinas, Alba Tissera ha desarrollado una trayectoria que combina teatro, cine, televisión, publicidad y, más recientemente, una primera incursión musical.
Aunque todavía es una figura poco reconocida para el gran público, dentro del ámbito profesional comienza a consolidarse como una actriz versátil, con una preparación técnica poco habitual y una marcada sensibilidad interpretativa.
Una formación que entiende la interpretación como un oficio
La base sobre la que se sustenta la carrera de Alba Tissera es, sin duda, su formación. Entre 2019 y 2024 cursó estudios en la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) de Madrid, considerada una de las instituciones de mayor prestigio para la formación de actores en España.
Allí, profundizó, tanto en el repertorio clásico como en la creación contemporánea, desarrollando herramientas interpretativas que hoy se reflejan en la diversidad de personajes que ha asumido.
Su preparación va mucho más allá de la interpretación dramática.
Su perfil profesional incluye conocimientos de:
- canto (registro de mezzosoprano);
- danza contemporánea, tango, tap, voguing y danzas urbanas;
- esgrima escénica;
- doblaje y narración oral;
- trabajo vocal;
- interpretación frente a cámara;
- dominio del español y del inglés, además de una notable facilidad para trabajar con distintos acentos.
Esta amplitud de recursos refleja una concepción moderna del actor: un creador capaz de adaptarse a múltiples formatos sin perder identidad artística.

El teatro, el lugar donde se forja una actriz
Aunque el cine suele otorgar mayor visibilidad mediática, buena parte del crecimiento artístico de Alba Tissera se ha desarrollado sobre los escenarios.
Durante los últimos años ha participado en montajes muy diversos, alternando textos clásicos con dramaturgia contemporánea.
Entre sus trabajos más destacados figuran:
- El castillo de Lindabridis, de Calderón de la Barca, dirigida por David Boceta, donde interpretó a Claridiana.
- Historia de España en 70 minutos, representada en espacios como el Teatro Lara y el Teatro Infanta Isabel, dando vida a Isabel II.
- Inflando el Globo, donde asumió un personaje contemporáneo de marcado carácter.
- Mujeres de, producción dirigida por Mercè de Ribera.
Esta combinación de clásicos y propuestas actuales evidencia una actriz cómoda tanto en el verso como en la dramaturgia contemporánea, un rasgo especialmente valorado dentro del panorama teatral español.
Del escenario a la cámara
La evolución natural de su carrera la ha llevado también al audiovisual.
Su trabajo más conocido hasta la fecha es El Efecto Darma (2023), dirigida por José Luis Rojas, donde interpreta a Elena. La película supuso uno de sus primeros papeles de mayor visibilidad y permitió mostrar una interpretación contenida, alejada de los excesos dramáticos y apoyada en la naturalidad del personaje.
Posteriormente ha continuado participando en nuevos proyectos cinematográficos y cortometrajes, entre ellos Polígono X, ampliando progresivamente su experiencia frente a la cámara. Paralelamente ha desarrollado trabajos publicitarios y apariciones televisivas, consolidando un perfil cada vez más completo dentro de la industria audiovisual.
Una artista multidisciplinar: la música llega con Orión
Aunque la interpretación continúa siendo el eje principal de su carrera, 2026 ha supuesto un pequeño pero significativo paso hacia otro territorio creativo.
Ese año participó junto al artista Midas Alonso en el sencillo Orión, una colaboración que mostró una faceta menos conocida de Alba Tissera y confirmó que su inquietud artística trasciende los límites de la actuación.
Más que el inicio de una carrera musical independiente, Orión puede entenderse como una extensión natural de su perfil interpretativo. Su intervención aporta una dimensión íntima y emocional a una canción construida desde la sensibilidad y la introspección, demostrando cómo la interpretación y la música pueden dialogar desde un mismo lenguaje expresivo.
Su formación como cantante, ya presente en su preparación escénica, encuentra aquí una aplicación artística que abre nuevas posibilidades para futuros proyectos musicales.
Una generación que reivindica el trabajo silencioso
Uno de los aspectos más interesantes de Alba Tissera es que su crecimiento profesional no responde a la lógica del fenómeno viral.
Su carrera se ha construido desde el escenario, la formación y el trabajo continuo.
En una época donde muchos intérpretes alcanzan notoriedad gracias a las redes sociales antes incluso de consolidar una trayectoria artística, Alba representa un modelo diferente: el de quienes consideran que el prestigio nace del oficio y no únicamente de la exposición pública.
Quizá por ello su presencia transmite una sensación poco frecuente en los actores de su generación: serenidad. No existe precipitación en sus elecciones profesionales.
Cada proyecto parece formar parte de una evolución coherente donde la experiencia acumulada tiene más peso que la búsqueda de reconocimiento inmediato.
Una versatilidad poco común
Su perfil profesional resume perfectamente esa amplitud: es actriz de teatro, actriz audiovisual, cantante, bailarina, locutora, especialista en doblaje y narradora oral.
Y posee preparación específica en disciplinas físicas como la esgrima escénica, además de una gran facilidad para adaptar registros vocales y dialectales.
Esta combinación convierte a Alba Tissera en una intérprete especialmente interesante para producciones internacionales, musicales, ficción histórica y proyectos donde la transformación del personaje exige recursos técnicos sólidos.
Un futuro abierto
Toda carrera artística necesita tiempo.
La de Alba Tissera apenas comienza a consolidarse, pero ya muestra algunos elementos que suelen definir las trayectorias duraderas: formación rigurosa, curiosidad permanente, capacidad de adaptación y una evidente vocación por el oficio.
Su paso por la RESAD, la experiencia acumulada sobre los escenarios, sus primeros trabajos cinematográficos y audiovisuales, junto con iniciativas creativas como la colaboración musical Orión, dibujan el perfil de una artista que no parece interesada únicamente en interpretar personajes, sino en explorar distintas formas de contar historias.
En un panorama cultural donde la versatilidad se ha convertido en una virtud imprescindible, Alba Tissera representa a una nueva generación de intérpretes que entienden el arte como un espacio de investigación constante. Más que perseguir el éxito inmediato, su trayectoria transmite la voluntad de construir una carrera sólida, capaz de evolucionar con el tiempo y de dialogar con disciplinas diversas sin perder autenticidad.
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