Dolly Rebecca Parton, la icónica voz que definió el country moderno y trascendió géneros, falleció hoy en Nashville a los 80 años. La noticia fue confirmada por su representante, quien no reveló la causa de la muerte y pidió respeto a la privacidad de la familia. Nacida el 19 de enero de 1946 en una cabaña sin electricidad en las montañas de Tennessee, Parton se convirtió en una de las artistas más queridas, exitosas e influyentes de todos los tiempos.
Con una carrera de más de seis décadas, Parton vendió más de 100 millones de discos, escribió más de 3.000 canciones, colocó 25 sencillos en el número uno de las listas country de Billboard y ganó 11 premios Grammy. Pero más allá de las cifras, fue su personalidad cálida, su humor autocrítico y su compromiso con la gente humilde lo que la convirtió en un símbolo universal.
De las montañas de Tennessee al estrellato
Dolly Rebecca Parton nació en Locust Ridge, en el condado de Sevier, Tennessee. Fue la cuarta de doce hijos de Robert Lee Parton, un agricultor y obrero, y Avie Lee Owens. La pobreza era extrema: la familia vivía en una cabaña de una habitación, sin agua corriente ni electricidad. Su madre cantaba baladas tradicionales y su abuelo tocaba el banjo; la música era refugio y fe.
A los cinco años compuso su primera canción, “Little Tiny Tasseltop”, y a los siete aprendió a tocar la guitarra. A los diez ya actuaba en la radio local de Knoxville y a los trece debutó en el Grand Ole Opry, donde conoció a Johnny Cash, quien la animó a seguir su propio camino. En 1964, al día siguiente de graduarse de la secundaria, se mudó a Nashville con una maleta y una determinación inquebrantable.
Los años con Porter Wagoner y el salto en solitario
En Nashville firmó con Monument Records, donde probó primero con temas pop para luego encontrar su lugar en el country. En 1967, “Dumb Blonde” fue su primer éxito en las listas country. Ese mismo año, Porter Wagoner la invitó a unirse a su popular programa de televisión. La química fue inmediata; durante siete años formaron el dúo más querido del country, con éxitos como “The Last Thing on My Mind”, “Just Someone I Used to Know” y “Please Don’t Stop Loving Me”.
Sin embargo, la relación, artísticamente fructífera, se volvió restrictiva. En 1974, cuando decidió independizarse, escribió “I Will Always Love You” como carta de despedida. La canción llegó al número uno y se convirtió en una de las baladas más versionadas de la historia; la interpretación de Whitney Houston en 1992 la elevó a un estatus legendario.
Luego de separarse de Wagoner, Parton construyó su imperio. “Jolene” (1973) se transformó en un himno de celos y vulnerabilidad; “Love Is Like a Butterfly” y “The Bargain Store” consolidaron su voz única. En 1977, “Here You Come Again” la llevó al gran público pop: fue su primer Top 3 en el Billboard Hot 100 y ganó el Grammy a la Mejor Interpretación Vocal Femenina Country.
Una camaleona de estilos musicales
A lo largo de su carrera, Dolly no se dejó encasillar. Abrazó el country tradicional de los Apalaches, el country-pop orquestado de los años setenta, el pop adulto de los ochenta, el bluegrass de raíz, el gospel (con discos como Precious Memories), el folk y hasta el dance en incursiones puntuales como “Potential New Boyfriend”.
En 2023, sorprendió con Rockstar, un ambicioso álbum de duetos junto a Paul McCartney, Ringo Starr, Sting, Stevie Nicks, Joan Jett y muchas otras leyendas. Ese disco debutó en el número uno de las listas de rock y country, y fue la culminación de su ingreso al Salón de la Fama del Rock and Roll en 2022, un honor que inicialmente quiso rechazar por sentirse “indigna”, pero que aceptó al comprender que su catálogo ya formaba parte del ADN del rock.
Como compositora, Parton abordó el amor y el desamor con una franqueza inusual, pero también la pobreza, la fe, la maternidad, el trabajo y la fortaleza femenina. Canciones como “Coat of Many Colors” (1971), inspirada en el abrigo de retazos que su madre le cosió y por el cual fue ridiculizada en la escuela, son testimonios de su capacidad para convertir el dolor personal en arte universal. Su voz, un soprano cristalino con vibrato marcado y un timbre inmediatamente reconocible, era el vehículo perfecto para esas historias.
Hollywood, negocios y filantropía
En el cine, Parton brilló en 9 to 5 (1980), donde compartió pantalla con Jane Fonda y Lily Tomlin y compuso el tema principal, que se convirtió en un himno laboral y feminista, número uno en las listas pop y country. Luego vinieron The Best Little Whorehouse in Texas (1982) junto a Burt Reynolds y Steel Magnolias (1989), una de las películas corales más queridas del cine estadounidense.
En 1986 abrió Dollywood, un parque temático en Pigeon Forge, Tennessee, que se convirtió en el mayor motor económico de la región y en un destino turístico de primer orden. También fundó la productora Sandollar, que participó en películas como Father of the Bride y en la serie de televisión Buffy the Vampire Slayer. Su imperio empresarial incluyó restaurantes, espectáculos de cena, una línea de pelucas y una editorial, pero siempre lo manejó con una ética de cercanía y responsabilidad.
Su labor filantrópica fue tan importante como su música. En 1995 creó la Imagination Library, un programa que envía libros gratuitos cada mes a niños desde su nacimiento hasta los cinco años. Lo que comenzó como un proyecto local en el condado de Sevier se expandió internacionalmente y ha entregado cientos de millones de libros a niños de todo el mundo.
Parton donó un millón de dólares a la investigación de la vacuna contra el COVID-19 en la Universidad de Vanderbilt, contribuyó a la reconstrucción tras los incendios forestales de Gatlinburg en 2016 y financió becas, hospitales y programas educativos. “No hay nada más importante que dar a los niños la oportunidad de soñar”, solía decir.
Vida personal y legado
Parton estuvo casada desde 1966 con Carl Dean, un empresario ajeno al mundo del espectáculo, que falleció en marzo de 2025. La pareja no tuvo hijos; Dolly dijo muchas veces que su música y sus millones de admiradores llenaban esa ausencia. Mantuvo su vida privada en un discreto segundo plano, protegida de los focos, y su matrimonio fue uno de los más estables y enigmáticos del mundo del entretenimiento.
A lo largo de su vida recibió prácticamente todos los honores posibles: 11 premios Grammy, el Kennedy Center Honors, la Medalla Nacional de las Artes, el Premio Grammy a la Trayectoria, y los ingresos al Salón de la Fama del Country, al Salón de la Fama de los Compositores y al Salón de la Fama del Rock and Roll. Fue la única artista country con números uno en cinco décadas consecutivas, y su influencia se percibe en figuras tan diversas como Taylor Swift, Miley Cyrus (su ahijada), Kacey Musgraves, Brandi Carlile y Adele.
Dolly Parton fue, sobre todo, una mujer que convirtió la adversidad en ternura, la pobreza en poesía y el talento en un puente entre generaciones, géneros y clases sociales. Su risa era tan reconocible como su voz, y su mensaje de aceptación, trabajo duro y amor incondicional resonará mientras existan personas que se atrevan a soñar.
Le sobreviven sus hermanos, sobrinos y una legión infinita de admiradores que hoy lloran su partida, pero que seguirán cantando sus canciones como un acto de amor eterno. Porque, tal como ella misma escribió, I will always love you.
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