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El saxofón que rugía del Central Avenue en Los Angeles, Chuck Higgins

ISA CRUZ septiembre 14, 2026

Hoy 14 de septiembre de 2024, se cumplen veinticinco años de su muerte. Y en cada soplido rasgado, en cada nota que parecía romper la caña del saxofón, en cada instrumental que capturó el humo, el bourbon y el neón de los clubs nocturnos, Chuck Higgins sigue vivo.

Porque él no fue solo un saxofonista de R&B: fue uno de los últimos grandes “honkers” de Los Ángeles, el puente viviente entre el jazz de la posguerra y la rebeldía del rock and roll, y el hombre que le enseñó al mundo que el saxo no es solo un instrumento de metal, sino una extensión de las cuerdas vocales.

Hay artistas que tocan para llenar salas de conciertos. Y hay artistas que tocan para hacer sudar, para hacer gritar y para que el alma se salga del cuerpo, y en el proceso, se convierten en leyenda en las calles. Chuck Higgins perteneció a esta segunda estirpe.

Fue saxofonista, cantante, showman y, sobre todo, un maestro absoluto del R&B instrumental. Pero si hay algo que definió su vida, fue su relación con la escena de Central Avenue en Los Ángeles: grabó himnos absolutos del jump blues en los años cincuenta, vio cómo la industria lo dejaba atrás cuando los gustos cambiaron, trabajó en empleos anónimos para sobrevivir y luego fue rescatado por una nueva generación de puristas que entendieron que su sonido era la sangre misma del rock and roll.

Sin Chuck Higgins, el R&B de la costa oeste no tendría su garra más salvaje. Y sin Chuck Higgins, el saxofón de rock habría sonado mucho más educado.

Charles Higgins nació en Texas (algunas fuentes apuntan a finales de los años veinte o principios de los treinta) y falleció en Los Ángeles, California, el 14 de septiembre de 1999. Veinticinco años después, su figura sigue siendo un recordatorio de que, en la música, los sonidos más grandes no son los más limpios, sino los que más rugen.

De Texas a Central Avenue: el nacimiento del “Honk”

Higgins creció en el sur, absorbiendo el blues de las carreteras y el góspel de las iglesias, pero fue en Los Ángeles donde encontró su verdadera voz. En los años cuarenta y cincuenta, la avenida Central de LA era el epicentro del R&B, un lugar donde el jazz saltaba, el blues se electrificaba y el ritmo no paraba.

Allí, Higgins desarrolló su estilo. No le interesaba tocar el saxofón con la delicadeza de un músico de jazz tradicional. Él quería que el instrumento gritara, llorara y rugiera. Se convirtió en un maestro del “honking” (esa técnica de soplar con tanta fuerza y pasión que las notas se quiebran y se convierten en un alarido). En el escenario, Higgins no se quedaba quieto: tocaba tumbado en el suelo, haciendo el splitt, o caminando entre el público, haciendo que el saxofón sonara como una locomotora a punto de descarrilar.

Los años de RPM y Modern: los himnos del asfalto

A principios de los años cincuenta, el sello RPM Records (y su filial Modern) fichó a Higgins. De esas sesiones en estudios destartalados nacieron joyas absolutas del R&B instrumental. En 1953, grabó “Hog Town”, un tema crudo, grasiento y adictivo que se convirtió en un éxito en las máquinas de discos de los clubs negros.

Dos años después, en 1955, lanzó “Peg Leg” para Modern Records, una pista aún más agresiva, donde su saxofón parecía arrancar chispas del vinilo. Canciones como “Port in the Storm” completaban un repertorio que definía el sonido de una época: música hecha para bailar, para beber y para olvidar los problemas de la semana. Higgins era el rey de los clubs de LA, compartiendo escenario y respeto con otros gigantes del saxo “honker” como Big Jay McNeely o Hal Singer.

El olvido y la fábrica: cuando el R&B se convirtió en supervivencia

A finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, el panorama musical cambió drásticamente. Llegó el soul de Motown, el funk, y luego los Beatles. Las grandes bandas de jump blues fueron disueltas, y los clubs de Central Avenue comenzaron a cerrar o a cambiar de estilo. Para la industria discográfica, Chuck Higgins y su sonido “sucio” pasaron de moda.

Durante décadas, Higgins se convirtió en un fantasma en la memoria musical, pero en un héroe local para los que recordaban aquellos años dorados. Para mantener a su familia, tuvo que colgar el saxofón y buscar trabajos normales. Trabajó en fábricas, condujo autobuses y hizo todo tipo de empleos anónimos. Pero el saxofón nunca lo abandonó. Seguía tocando en reuniones privadas, en jams locales y en cualquier rincón de Los Ángeles donde alguien le pidiera que hiciera rugir el metal una vez más.

El “redescubrimiento”: cuando los europeos llamaron a su puerta

En los años ochenta y noventa, ocurrió algo mágico. En Europa, y especialmente entre los coleccionistas y fans del rockabilly y el R&B original, nació un movimiento de rescate de los viejos “honkers”. Los sellos independientes europeos comenzaron a reeditar los viejos vinilos de RPM y Modern, y los promotores empezaron a buscar a los músicos originales para llevarlos de gira.

Chuck Higgins fue “redescubierto” por el gran público. De repente, este hombre que había pasado décadas trabajando en empleos anónimos, se encontró volando a Europa, tocando en grandes festivales de blues y R&B, y siendo recibido como un dios por una nueva generación de blancos y europeos que buscaban las raíces más puras del rock and roll. Higgins, con su cabello ya canoso pero con la misma energía salvaje, volvió a subirse a los escenarios y a demostrar que el “honk” nunca muere.

La actitud: cuando el sudor se impuso a la perfección

A diferencia de los músicos que buscaban la perfección técnica, Chuck Higgins siempre mantuvo su postura de hombre de la calle. No le interesaba tocar limpio; le interesaba tocar con verdad.

Rechazaba los arreglos sofisticados que los productores a veces intentaban imponerle. Para él, “Hog Town” no era una pieza de museo, era un ritual de sudor, y el ritual exigía que la caña del saxofón casi se rompiera. Su negativa a suavizar su sonido para encajar en las tendencias más comerciales fue, irónicamente, lo que lo convirtió en el artista más respetado por los puristas. Él sabía que el R&B no pertenecía a las radios de formato suave, sino a la gente que lo escuchaba con el cuello desabrochado en un club a las dos de la mañana.

El adiós

Chuck Higgins murió el 14 de septiembre de 1999 en Los Ángeles. Había sobrevivido a la segregación, a la caída de la era del jump blues, a décadas de trabajos anónimos y, finalmente, a los estragos del tiempo.

Su muerte pasó relativamente desapercibida para los grandes medios comerciales, pero fue un golpe durísimo para la comunidad del R&B y para los miles de fans en Europa y Japón que lo habían idolatrado. Con él no solo moría un saxofonista; moría uno de los últimos eslabones directos con la época en la que el rock and roll aún olía a whisky barato y a pomada.


Descansa, Chuck. Tu saxo sigue rugiendo.


Chuck Higgins, en pocas palabras

Nombre completo: Charles Higgins
Nacimiento: Texas, Estados Unidos (finales de los años 20 / principios de los 30)
Fallecimiento: Los Ángeles, California, 14 de septiembre de 1999
Causa: Causas naturales / edad avanzada
Ocupaciones: Saxofonista, cantante, showman
Géneros: R&B, Jump blues, Honking sax, Rock and roll instrumental
Sellos discográficos clave: RPM Records, Modern Records
Estilo distintivo: Maestro del “honking” (saxofón tenor tocado con extrema fuerza, haciendo que las notas se quiebren y griten). Shows en vivo extremadamente enérgicos, tocando en el suelo o moviéndose por todo el escenario.
Canciones emblemáticas: “Hog Town” (1953), “Peg Leg” (1955), “Port in the Storm”, “Jungle Hop”.
Momentos clave en la cultura pop: Protagonista de la escena de los clubs de Central Avenue en los 50; “redescubierto” y aclamado durante el revival del R&B y rockabilly en Europa en los 80 y 90; sus discos originales son piezas de coleccionista extremadamente cotizadas.
Legado: Considerado uno de los grandes maestros del “honking” tenor sax junto a Big Jay McNeely y Hal Singer. Su estilo agresivo y visceral influyó directamente en los saxofonistas de los primeros años del rock and roll y en las generaciones posteriores de músicos de R&B y blues.
Frase que lo define: “El saxofón no se toca con los dedos, se toca con los pulmones y con las tripas.” (Parafraseando su filosofía de vida y su forma de entender el “honking” como una entrega total).

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Tags: Efemérides Rhytm & Blues Americano

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