ISA CRUZ octubre 16, 2026
El legendario baterista de jazz falleció el 16 de octubre de 1973 en su casa de Yonkers, Nueva York, a los 64 años, tras una década de lucha contra una leucemia benigna. Con Benny Goodman popularizó “Sing, Sing, Sing”, convirtió el solo de batería en un acontecimiento y pasó a la historia como el primer baterista solista de la música popular. No fue solo un músico: fue el hombre que cambió para siempre el lugar de su instrumento en el escenario. Eugene Bertram Krupa nació el 15 de enero de 1909 en Chicago, el menor de nueve hermanos de una familia de inmigrantes polacos. Su padre murió cuando él era muy pequeño, y su madre trabajaba como sombrerera para sacar adelante a la familia. Todos los niños tuvieron que empezar a trabajar pronto. Gene lo hizo a los once años, en la tienda de música donde trabajaba su hermano Pete. Allí, entre saxofones y trompetas, eligió la batería: era el artículo más barato del local. No podía saber entonces que aquel instrumento, relegado a un segundo plano en las orquestas de la época, se convertiría en su voz y en su trono. Comenzó su carrera profesional a mediados de los años veinte en bandas de Wisconsin y emergió en la escena de Chicago en 1927. Estudió percusión con maestros como Roy Knapp y Ed Straight, y se fogueó en los clubes de la ciudad, absorbiendo el estilo de los bateristas de Nueva Orleans y de los jóvenes músicos del jazz de Chicago. El encuentro con Benny Goodman: la chispa que encendió el swing El punto de inflexión llegó en diciembre de 1934, cuando se unió a la orquesta de Benny Goodman. Aquella colaboración no solo lo convirtió en una estrella: cambió la historia de la música popular. En la big band de Goodman, Krupa pasó de ser un simple acompañante rítmico a un solista de pleno derecho, una figura que el público iba a ver tanto como al propio clarinetista. Su estilo era pura energía. Se inclinaba sobre la batería, masticando chicle al ritmo del compás, con un mechón de pelo negro cayéndole sobre los ojos. Golpeaba el tambor, los toms y los platillos con una furia casi atlética, y de repente se echaba hacia atrás, con los brazos en alto, mientras aporreaba el bombo con el pedal. Al terminar, sudando a mares, sus brazos y baquetas se convertían en una mancha borrosa. Los aplausos que estallaban en los salones de baile sonaban más a un evento deportivo que a un concierto. “Sing, Sing, Sing”: el himno que lo inmortalizó El 6 de julio de 1937, la orquesta de Benny Goodman grabó en Hollywood “Sing, Sing, Sing”, una composición de Louis Prima que, en manos de Goodman y con Krupa a la batería, se convirtió en el himno del swing. La versión grabada duraba 8 minutos y 43 segundos, una eternidad para la época, y ocupaba las dos caras de un disco de 78 rpm de 12 pulgadas. El solo de Krupa en aquella grabación, con sus toms marcando el groove, se convirtió en el modelo de lo que un baterista podía hacer en una big band. La consagración definitiva llegó el 16 de enero de 1938, en el legendario concierto de Goodman en el Carnegie Hall. Aquella noche, el jazz entró por la puerta grande en el templo de la música clásica, y Krupa, con su solo en “Sing, Sing, Sing”, se llevó uno de los aplausos más ensordecedores de la historia. El hombre que hizo historia en la batería Krupa no inventó el solo de batería, pero...









