La cantante falleció el 6 de octubre de 1999 en su casa de Lisboa a los 79 años, víctima de un infarto agudo de miocardio.
Fue la mayor intérprete del fado, una artista que transformó un género considerado música de arrabal en un símbolo de Portugal y en una de las expresiones más reconocibles de la cultura europea del siglo XX.
Amália da Piedade Rebordão Rodrigues nació el 23 de julio de 1920 en Lisboa, en el seno de una familia muy humilde de la ribera del Tajo.
Su infancia transcurrió entre la pobreza y el trabajo: vendía limones por los muelles del puerto y cantaba fados mientras ayudaba en la frutería familiar. Aquellos años de escasez, lejos de ser un obstáculo, se convirtieron en la materia prima de una voz que nunca dejó de sonar a verdad.
Debutó profesionalmente en 1939, a los diecinueve años, en el Retiro da Severa, y el éxito fue inmediato. En 1940 dio su primera actuación en el Teatro de Revista, y en 1943 inició su carrera internacional con actuaciones en Madrid y Brasil, donde grabaría sus primeros discos en 1945.
La voz del fado
Amália no inventó el fado, pero lo transformó. Innovó al musicar a poetas clásicos de la lengua portuguesa, como Luís de Camões, y elevó un género asociado a los barrios populares de Lisboa a la categoría de arte universal.
Su repertorio abarcaba también música folclórica, rumbas, tangos, sambas y rancheras mexicanas, demostrando que su talento no conocía fronteras.
Su discografía supera los 170 discos y grabó en varios idiomas, incluyendo portugués, español, francés e italiano. Entre sus fados más emblemáticos figuran “Barco Negro”, “Uma Casa Portuguesa”, “Canção do Mar”, “Estranha Forma de Vida”, “Lisboa Antiga”, “Coimbra”, “Nem às Paredes Confesso” y “Foi Deus”.
Una carrera sin fronteras
A partir de 1949, su carrera internacional se intensificó con actuaciones por Europa, África, México y Estados Unidos. Actuó en casi setenta países de todos los continentes, pasando por escenarios como el Olympia de París, el Carnegie Hall de Nueva York, el Teatro Sistina de Roma y salas de Moscú, Londres, Río de Janeiro y Tokio.
En 1967 recibió el premio MIDEM, que distingue al cantante que más discos ha vendido en su país, y lo volvió a ganar en 1968 y 1969. En 1970, con el disco Com que voz, escrito por Alain Oulman, alcanzó uno de los mayores éxitos de su carrera, obteniendo premios como el IX Premio de la Crítica Discográfica Italiana (1971) y el Gran Premio del Disco de París (1975).
Fue condecorada con la Orden de las Artes y las Letras de Francia, la Orden de Isabel la Católica de España y las más altas distinciones portuguesas, incluida la Gran Cruz de la Orden de Santiago de la Espada en 1990.
La actriz y la mujer
Amália no fue solo una cantante. En 1947 debutó como actriz protagonista en Capas Negras, la película más exitosa del año en Portugal, que la convirtió en una celebridad internacional. Le siguieron títulos como Fado, História de Uma Cantadeira (1947), Sangue Toureiro (1957, la primera película portuguesa filmada en color) y Os Amantes do Tejo (1954).
Su vida personal estuvo marcada por dos matrimonios y por una salud frágil. En 1984, tras ser diagnosticada erróneamente con un tumor, se encerró en un hotel de Nueva York con pensamientos suicidas. Fueron las películas de Fred Astaire las que la convencieron de que la vida merecía la pena.
En diciembre de 1994 dio su último concierto, con 74 años, durante los actos de Lisboa como Capital Europea de la Cultura. Poco después fue operada de un pulmón y nunca volvió a subir a un escenario.
Su relación con el régimen de Salazar fue uno de los episodios más controvertidos de su biografía. Su identificación con el dictador la convirtió en blanco de la oposición democrática, aunque tras la Revolución de los Claveles fue perdonada como símbolo de reconciliación nacional.
El adiós y el legado
Amália Rodrigues murió mientras dormía en su casa de la Rua de São Bento, en Lisboa, la madrugada del 6 de octubre de 1999.
Su cuerpo fue encontrado por su secretaria personal, Leonilde de Jesús Henriques. El Gobierno portugués decretó tres días de luto oficial, y los partidos políticos suspendieron sus actos de campaña electoral.
Cientos de miles de lisboetas salieron a la calle para rendirle una última homenaje. Dos años después, el 8 de julio de 2001, sus restos mortales fueron trasladados al Panteón Nacional de la Igreja de Santa Engrácia, el honor más alto que Portugal concede a sus figuras más ilustres.
Amália Rodrigues no fue solo una cantante. Fue la voz de Portugal, la artista que convirtió la saudade —esa melancolía sin remedio que define el alma lusa— en un idioma que el mundo entero pudo entender.
Su música sigue sonando en cada fado que se canta, en cada rincón de Lisboa donde alguien la recuerda, en cada oyente que descubre su voz por primera vez. Y esa voz, casi tres décadas después de su muerte, no ha dejado de sonar.
Amália Rodrigues, en pocas palabras
- Nombre completo: Amália da Piedade Rebordão Rodrigues
- Nacimiento: 23 de julio de 1920, Lisboa, Portugal
- Fallecimiento: 6 de octubre de 1999, Lisboa (79 años)
- Causa: Infarto agudo de miocardio
- Ocupaciones: Cantante de fado, actriz
- Debut profesional: 1939, Retiro da Severa (Lisboa)
- Debut cinematográfico: 1947, Capas Negras
- Discografía: Más de 170 discos
- Fados emblemáticos: “Barco Negro”, “Uma Casa Portuguesa”, “Canção do Mar”, “Estranha Forma de Vida”, “Lisboa Antiga”, “Coimbra”, “Nem às Paredes Confesso”, “Foi Deus”
- Alcance internacional: Actuó en casi 70 países de todos los continentes; Olympia de París, Carnegie Hall, Teatro Sistina de Roma
- Premios: Premio MIDEM (1967, 1968, 1969), IX Premio de la Crítica Discográfica Italiana (1971), Gran Premio del Disco de París (1975)
- Condecoraciones: Dama y comendadora de la Orden de las Artes y las Letras (Francia), Dama de la Orden de Isabel la Católica (España), Gran Cruz de la Orden de Santiago de la Espada (Portugal, 1990)
- Legado: La intérprete más importante de la historia del fado, embajadora universal de la cultura portuguesa; sus restos reposan en el Panteón Nacional de Lisboa desde 2001
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