El guitarrista flamenco puertollanense falleció el 1 de octubre de 2020 a los 61 años en su ciudad natal, tras una larga enfermedad que le fue robando los dedos pero nunca el alma. Fue alumno de Serranito, ganador del Bordón Minero en el Festival de La Unión y una de las figuras más destacadas de la historia reciente de la guitarra flamenca. Su toque, profundo y preciso, se apagó demasiado pronto, pero su magisterio sigue vivo en cada alumno que pasó por su escuela.
Francisco Manzano Ramos nació en Puertollano, Ciudad Real, y desde niño supo que su vida estaría ligada a las seis cuerdas. Con tan solo diez años ya tocaba la guitarra, y con once ofrecía sus primeros conciertos. Su talento precoz no pasó desapercibido, y pronto se puso en manos de uno de los grandes: Víctor Monge “Serranito”, maestro madrileño de la guitarra flamenca que lo tomó bajo su tutela.
Con quince años, Manzano ya compartía escenario con Manolo Sanlúcar en el desaparecido Gran Teatro de Puertollano, un hito que anunciaba lo que estaba por venir. No era un adolescente con una guitarra: era un músico que había entendido que el flamenco no se toca, se habita.
El Bordón Minero: la consagración
Su carrera fue una sucesión de reconocimientos que jalonaron una trayectoria construida desde la humildad y el estudio.
En 1975 ganó el Premio Festival de Jerez, y al año siguiente obtuvo el tercer premio en el mismo certamen. En 1986 llegó la Muestra de Córdoba, y en 1989 sumó dos accésits nacionales: en la Muestra de Córdoba y en la de Hospitalet.
Pero el momento que lo consagró llegó en 1990, cuando se presentó al Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión, el certamen de guitarra flamenca más importante de España. Allí obtuvo el máximo galardón: el Bordón Minero, el premio que distingue al mejor guitarrista del festival. No era un premio más. Era la confirmación de que aquel chico de Puertollano había llegado a la cima del toque flamenco.
El hombre detrás de la guitarra
Manzano no fue solo un intérprete. Fue un músico de tablao, de escenario, de premio en premio, como lo describió el periodista Chema Fabero en 2008: “Todo el toque flamenco se ha puesto en pie ante su figura de tablao en tablao y de premio en premio, desde Jerez de la Frontera, Córdoba, La Unión, Puertollano…”.
También acompañó en numerosos recitales de poesía a los integrantes del grupo de Teatro Enea, demostrando que su guitarra no entendía de compartimentos estancos: servía tanto para el flamenco más jondo como para el verso recitado.
La enfermedad y el magisterio
En sus últimos años, una enfermedad en las manos le apartó de tocar la guitarra. Fue un golpe cruel para alguien que había dedicado su vida a las cuerdas.
Pero Manzano no se rindió. Continuó dando clases de flamenco, acompañándose de un teclado para seguir transmitiendo lo que sabía. En su escuela de guitarra flamenca se formaron músicos como Marco Reyes, que después desarrollaría su propia carrera en el flamenco.
Esa capacidad de reinventarse, de seguir siendo maestro cuando ya no podía ser intérprete, dice más de él que cualquier premio. Porque el magisterio de Manzano no estaba solo en sus dedos: estaba en su cabeza, en su oído, en su manera de entender el flamenco como un lenguaje que se transmite de generación en generación.
La despedida
Paco Manzano murió en la madrugada del 1 de octubre de 2020 en Puertollano, a los 61 años. Su sepelio se celebró esa misma tarde en la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción, y la noticia conmocionó a la ciudad minera y al mundo del flamenco.
La prensa lo despidió como “una de las figuras más destacadas en la historia reciente de la música española, y particularmente del flamenco”. No era una exageración. Manzano pertenecía a esa estirpe de guitarristas que no buscan el virtuosismo por el virtuismo, sino que entienden la guitarra como una extensión de la voz, del quejío, del silencio.
Un legado sin artificios
Paco Manzano no fue una estrella mediática. No llenó estadios con su nombre en las marquesinas ni protagonizó portadas de revistas.
Fue algo más difícil de encontrar y más valioso: un músico de verdad. Su guitarra no buscaba impresionar. Buscaba conectar. Y esa conexión, incluso después de que sus manos dejaran de responder, siguió viva en cada alumno que aprendió de él, en cada oyente que lo escuchó tocar, en cada soleá que aún resuena en la memoria de quienes lo conocieron.
Su ciudad natal lo recordó como uno de sus grandes de la cultura. Y el flamenco, ese arte que él sirvió con tanta devoción, lo despidió con el respeto que solo se concede a los maestros.
Paco Manzano, en pocas palabras
- Nombre completo: Francisco Manzano Ramos
- Nacimiento: Puertollano, Ciudad Real
- Fallecimiento: 1 de octubre de 2020, Puertollano (61 años)
- Ocupaciones: Guitarrista flamenco, maestro de guitarra
- Formación: Alumno de Víctor Monge “Serranito”
- Hitos tempranos: Con 10 años ya tocaba la guitarra; con 11 dio sus primeros conciertos; con 15 compartió escenario con Manolo Sanlúcar en el Gran Teatro de Puertollano
- Premios: Premio Festival de Jerez (1975), 3º Premio Festival de Jerez (1976), Muestra de Córdoba (1986), Muestra de Córdoba (Accésit Nacional, 1989), Muestra de Hospitalet (Accésit Nacional, 1989), Bordón Minero del Festival Internacional del Cante de las Minas de La Unión (1990)
- Faceta docente: Dirigió una escuela de guitarra flamenca en Puertollano; entre sus alumnos se formó el guitarrista Marco Reyes
- Legado: Una de las figuras más destacadas de la guitarra flamenca en España; su toque, profundo y preciso, y su labor como maestro dejaron una huella imborrable en el flamenco de Puertollano y más allá
- Frase que lo define: “Todo el toque flamenco se ha puesto en pie ante su figura de tablao en tablao y de premio en premio.” —Chema Fabero, 2008
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