Hoy, 11 de septiembre de 2026, se cumplen cuarenta y un años de su muerte. Y en cada sinfonía que se estrena, en cada película clásica que se revisita, en cada estudiante de composición que aprende el oficio, William Alwyn sigue presente. Porque él no fue solo un compositor: fue un artesano que construyó puentes entre el concierto y el cine, entre la tradición y la modernidad, entre el sonido y la imagen.
Hay artistas que eligen un camino y hay artistas que construyen varios a la vez.
William Alwyn perteneció a esta segunda estirpe: un compositor, director de orquesta y profesor inglés que a lo largo de casi seis décadas escribió cerca de trescientas composiciones (cinco sinfonías, cuatro óperas, conciertos, música de cámara) y aproximadamente doscientas partituras para el cine, setenta de ellas largometrajes.
Fue un políglota, un poeta y un artista, pero sobre todo fue un músico que entendió que la música no pertenece a un solo género ni a un solo público.
William Alwyn Smith nació en Northampton el 7 de noviembre de 1905 y falleció en Southwold, Suffolk, el 11 de septiembre de 1985, a los 79 años, tras una vida dedicada por entero a la música. Cuarenta y un años después, su legado sigue siendo un ejemplo de integridad artística y de curiosidad sin límites.
De Northampton a la Royal Academy
Alwyn creció en una familia de comerciantes: sus padres regentaban una tienda de ultramarinos llamada “The Shakspere Stores”. Desde muy joven mostró un interés voraz por la música, comenzando con el flautín antes de pasar al piano y la composición. A los quince años ingresó en la Royal Academy of Music de Londres, donde estudió flauta y composición.
Su padre murió repentinamente, obligándolo a abandonar la academia y ganarse la vida como músico de oficio: tocando en bandas de veraneo, en cines y dando clases de piano y armonía. Pero su talento no pasó desapercibido. Cuando su antiguo profesor de composición, John Blackwood McEwen, fue nombrado director de la Royal Academy, Alwyn fue invitado a regresar como profesor. En 1926, con solo veintiún años, fue nombrado Profesor de Composición, un cargo que mantendría durante casi tres décadas.
Fue también un virtuoso flautista. Llegó a ser solista de la Orquesta Sinfónica de Londres, tocando bajo la dirección de figuras como Edward Elgar, Ralph Vaughan Williams y Sir Henry Wood.
La consagración sinfónica
Aunque Alwyn había compuesto desde muy joven, fue a finales de los años cuarenta cuando decidió empezar de nuevo. Revisó y renegó de casi toda su producción anterior —aunque nunca la destruyó— y se embarcó en lo que él visualizaba como un ciclo de cuatro sinfonías.
La Sinfonía nº 1 (1949) fue un punto de inflexión. Dedicada al director Sir John Barbirolli, que la estrenó y se convirtió en uno de sus grandes valedores, la obra demostró que Alwyn era un sinfonista de primera línea. Le siguieron la Sinfonía nº 2 (1953), la nº 3 (1956) y la nº 4 (1959). Años después, en 1972-73, completaría el ciclo con la Sinfonía nº 5, “Hydriotaphia” .
Su música orquestal también incluye conciertos para flauta, oboe, violín, arpa y piano (dos), una Sinfonietta para orquesta de cuerdas y tres concerti grossi. Entre sus obras más populares se encuentra Lyra Angelica (1954), un concierto para arpa y orquesta de cuerdas que se ha convertido en una de sus piezas más queridas.
Alwyn tenía una fascinación particular por la disonancia, y desarrolló su propia alternativa al serialismo dodecafónico, explicando que usaba “las doce notas de una forma diferente, de manera tonal”. No era un revolucionario ruidoso, sino un artesano del sonido que buscaba la verdad en cada nota.
El pionero de la música de cine
Si hay una faceta que define la versatilidad de Alwyn, esa es su trabajo para el cine. Comenzó en 1936 en el movimiento documental, convirtiéndose junto a Benjamin Britten en uno de los pioneros de este medio en Gran Bretaña. Su primer largometraje fue Penn of Pennsylvania (1941), y a partir de ahí su carrera cinematográfica fue imparable.
Durante la Segunda Guerra Mundial compuso partituras para documentales de propaganda que, según descubrió después, fueron consideradas tan importantes para la moral pública que su nombre apareció en una lista de muerte nazi. Su música para The True Glory (1945) le valió un Óscar de la Academia.
Su colaboración con el director Carol Reed produjo algunas de sus partituras más aclamadas: Larga es la noche (Odd Man Out, 1947) y El ídolo caído (The Fallen Idol, 1948), obras que definieron la identidad sonora del cine negro y de suspense británico. También firmó la música de La última noche del Titanic (A Night to Remember, 1958), El temible burlón (The Crimson Pirate, 1952) y producciones de Disney como Los robinsones de los mares del sur (1960).
Su dedicación al arte de la música cinematográfica fue reconocida en 1951, cuando fue nombrado fellow de la British Film Academy, el único compositor en recibir ese honor durante muchos años.
El pedagogo y el defensor de los compositores
La faceta docente de Alwyn fue tan importante como la creativa. Durante casi treinta años formó a generaciones de compositores en la Royal Academy of Music. Pero su labor no se limitó al aula: fue una figura clave en la defensa de los derechos de los músicos.
Fue presidente fundador del Composers’ Guild of Great Britain, director de la Mechanical Copyright Protection Society, vicepresidente de la Society for the Promotion of New Music y director de la Performing Right Society . Durante muchos años fue también uno de los lectores de nuevas partituras para la BBC. Su compromiso con la profesión era total.
Doreen Carwithen: amor y legado
En 1946, Alwyn conoció a Doreen Carwithen, una joven compositora que se convirtió primero en su alumna, luego en su amante y finalmente en su segunda esposa. Carwithen, que también desarrolló una carrera como compositora de cine, fue una figura fundamental en la vida de Alwyn. Juntos se trasladaron a Blythburgh, un pueblo de Suffolk, donde Alwyn encontró la tranquilidad necesaria para componer sus últimas obras.
En 1981, Alwyn sufrió un infarto seguido de meningitis y neumonía que lo apartaron de la composición durante casi dos años. Pero se recuperó. En 1985, poco antes de su muerte, terminó su Cuarteto de cuerdas nº 3, que fue estrenado en Blythburgh.
El adiós y el reconocimiento
William Alwyn murió el 11 de septiembre de 1985, dos meses antes de cumplir ochenta años. En 1978 había sido nombrado Comendador de la Orden del Imperio Británico (CBE) por sus servicios a la música, y en 1982 recibió un Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Leicester.
Cuarenta y un años después
Hoy, 11 de septiembre de 2026, el calendario nos recuerda que han pasado cuatro décadas desde su muerte. Pero William Alwyn no se ha ido del todo. Sigue en cada sinfonía que se programa en un concierto. Sigue en cada película clásica que se revisita. Sigue en cada estudiante que aprende de su ejemplo que la música no entiende de fronteras entre lo “serio” y lo “popular”.
Fue un compositor de dos mundos: el del concierto y el del cine. Fue un pedagogo que formó a generaciones. Fue un defensor de los derechos de los músicos. Y fue, sobre todo, un artesano del sonido que entendió que la música es, ante todo, un acto de comunicación.
Descansa, maestro. Tu música sigue sonando en las salas de concierto y en las pantallas de cine.
William Alwyn, en pocas palabras
- Nombre completo: William Alwyn Smith
- Nacimiento: Northampton, Inglaterra, 7 de noviembre de 1905
- Fallecimiento: Southwold, Suffolk, Inglaterra, 11 de septiembre de 1985 (79 años)
- Ocupaciones: Compositor, director de orquesta, profesor de música, flautista
- Formación: Royal Academy of Music (Londres), donde estudió flauta y composición
- Cargos docentes: Profesor de Composición en la Royal Academy of Music (1926-1955)
- Obra de concierto: 5 sinfonías, 4 óperas, conciertos para flauta, oboe, violín, arpa y piano, Sinfonietta para cuerdas, 3 concerti grossi, música de cámara
- Obra cinematográfica: Aproximadamente 200 partituras, 70 de ellas largometrajes
- Películas destacadas: Larga es la noche (1947), El ídolo caído (1948), La última noche del Titanic (1958), El temible burlón (1952), Los robinsones de los mares del sur (1960)
- Reconocimientos: Óscar por The True Glory (1945), fellow de la British Film Academy (1951), CBE (1978), Doctor Honoris Causa por la Universidad de Leicester (1982)
- Cargos institucionales: Presidente fundador del Composers’ Guild of Great Britain; director de la Mechanical Copyright Protection Society; vicepresidente de la Society for the Promotion of New Music; director de la Performing Right Society
- Familia: Casado en primeras nupcias con Olive Mary Audrey Pull (dos hijos); posteriormente con la compositora Doreen Carwithen
- Legado: Uno de los compositores británicos más versátiles del siglo XX, pionero de la música de cine y defensor incansable de los derechos de los compositores
- Frase que lo define: “No creo que tengan dificultades para escucharlo” —sobre su propio sistema de doce notas tonales
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