El 18 de septiembre de 2026 se cumplieron exactamente cincuenta y seis años desde que el rock and roll perdió a su profeta más visionario. Y sin embargo, cada vez que una guitarra eléctrica se alimenta del feedback hasta convertirse en un ser vivo, cada vez que un músico exprime un wah-wah hasta que suena como una voz humana llorando, cada vez que alguien decide que la distorsión no es un error sino una forma de verdad, Jimi Hendrix sigue ahí. No como un fantasma del pasado, sino como la presencia más viva y urgente de la música moderna. Porque Hendrix no fue solo un guitarrista; fue el hombre que redefinió lo que un instrumento podía ser, el arquitecto que demolió las fronteras entre el blues, el rock, el funk y la psicodelia, y el visionario que entendió, antes que nadie, que la guitarra eléctrica no era una herramienta para tocar notas, sino un canal para canalizar fuerzas que estaban más allá de lo humano. Hay músicos que cambian la forma en que se toca un instrumento. Y hay músicos que cambian la forma en que se escucha la música. Hendrix hizo ambas cosas en menos de cuatro años. Cuando llegó a Londres en septiembre de 1966, era un desconocido de 23 años, un ex-paracaidista afroamericano de Seattle que había pasado años tocando en circuitos de R&B y chitlin’ circuits, acompañando a Little Richard, Ike & Tina Turner y decenas de artistas que no sabían qué hacer con su genio. Pero cuando subió al escenario del Cafe Wha? y luego cruzó el Atlántico, trajo consigo algo que nadie había escuchado antes: una guitarra que rugía, susurraba, gritaba y cantaba con una voz que parecía venir de otro planeta. La forja de un visionario: de Seattle a la guerra Johnny Allen Hendrix nació el 27 de noviembre de 1942 en Seattle, Washington. Su madre, Lucille, le regaló su primera guitarra cuando tenía 15 años, una acústica de cinco dólares que él tocaba obsesivamente. Pero la vida no fue fácil para el joven Jimi. Creció en la pobreza, con una madre ausente que murió cuando él tenía apenas 15 años, y un padre que intentó mantenerlo a flote como pudo A los 18 años, en lugar de ir a la cárcel por robar un coche, eligió unirse al ejército. Fue paracaidista durante un año, pero incluso allí, su mente estaba en otra parte. Se pasaba las noches tocando la guitarra en el barracón, desarrollando un estilo que nadie a su alrededor podía comprender. Cuando salió del ejército en 1959, Jimi se lanzó al circuito de R&B. Tocó con todos los grandes: Little Richard, The Isley Brothers, King Curtis. Pero su estilo era demasiado radical, demasiado expansivo, demasiado “ruidoso” para los estándares del soul de la época. Los líderes de banda lo echaban constantemente porque sus solos eran demasiado largos, demasiado experimentales, demasiado. Hendrix. Durante años, fue un músico de sesión brillante pero invisible, ganándose la vida apenas, tocando en clubes de segunda categoría y soñando con algo que aún no tenía nombre. 1966: El cruce del Atlántico y el nacimiento de la leyenda Todo cambió cuando Chas Chandler, el bajista de The Animals, lo vio tocar en el Cafe Wha? de Greenwich Village en 1966. Chandler quedó tan impresionado que lo llevó a Londres, le consiguió músicos (el bajista Noel Redding y el baterista Mitch Mitchell) y formó The Jimi Hendrix Experience. En cuestión de meses, Hendrix pasó de ser un desconocido a la sensación absoluta de la escena musical británica. Su primer single, “Hey Joe”, fue un éxito inmediato. Pero...