ISA CRUZ octubre 6, 2026
La soprano barcelonesa falleció el 6 de octubre de 2018 en el Hospital de Sant Pau de Barcelona a los 85 años, tras una vida dedicada a la ópera que la convirtió en una de las intérpretes más importantes del siglo XX. Su técnica impecable, su repertorio inabarcable y su colaboración con Freddie Mercury en “Barcelona” la elevaron a la categoría de leyenda universal. María Montserrat Viviana Concepción Caballé i Folch nació el 12 de abril de 1933 en el barrio de Gracia de Barcelona, en el seno de una familia modesta. Su madre le dio sus primeras clases de solfeo, y a los once años ingresó con una beca en el Conservatorio Superior de Música del Liceo. La delicada salud de su padre la obligó a compaginar los estudios con el trabajo en una fábrica, e incluso a abandonar temporalmente la música, hasta que en 1950 un industrial textil melómano y mecenas le patrocinó su carrera a tiempo completo. Se graduó en 1954 en una accidentada prueba final en la que llegó a perder el conocimiento. Su primer debut operístico fue con el papel de Serpina en La serva padrona de Pergolesi, en el Teatro Principal de Valencia, el 27 de junio de 1955. Una carrera construida desde la adversidad Su camino hacia la cima no fue meteórico. Fue rechazada en audiciones del San Carlo de Nápoles y de la Ópera de Roma, y un empresario italiano le aconsejó volver a Barcelona y dedicarse a la vida doméstica. Caballé no le hizo caso. Inició su carrera profesional en la Ópera de Basilea en 1956, interpretando a Mimi en La bohème de Puccini. Durante dos años formó parte de la compañía, abordando roles de Mozart y Strauss, incluida Salomé. Luego vinieron Bremen y Viena. El gran salto llegó en 1965, cuando sustituyó a Marilyn Horne en el protagónico de Lucrecia Borgia de Donizetti, en una versión de concierto en el Carnegie Hall de Nueva York. Al día siguiente, el New York Times tituló: “Callas más Tebaldi es igual a Caballé”. Aquella frase la consagró definitivamente. La Superba: una diva de otra era La crítica la situó entre las grandes voces líricas del siglo XX, a la altura de mitos como Maria Callas, Joan Sutherland, Elisabeth Schwarzkopf o Renata Tebaldi. El público y la prensa la llamaron “La Superba” , elevándola a la categoría de diva asociada a una era dorada de la ópera. Su carrera abarcó más de 50 años, con casi 90 papeles operísticos correspondientes a más de 40 óperas y más de 4.000 actuaciones. Actuó en los escenarios más prestigiosos del mundo: la Metropolitan Opera de Nueva York (donde cantó 98 veces), Covent Garden, La Scala de Milán, el Liceo de Barcelona (donde actuó más de 200 veces) y un largo etcétera. Entre sus galardones figuran la Medalla de Oro del Liceo, un Grammy y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. “Barcelona”: el encuentro de dos mundos Si hay un momento que acercó a Caballé al gran público, fue su colaboración con Freddie Mercury. El vocalista de Queen era un admirador confeso de la soprano desde que la vio actuar en Un ballo in maschera de Verdi en la Royal Opera House de Londres en 1983. La llamaba cariñosamente “Montsy” y llegó a decir en televisión que era su cantante favorita. Mercury intentó contactarla durante meses a través de sus representantes, sin éxito. Finalmente, llamó en persona. En una de aquellas llamadas, su pronunciación del nombre catalán derivó en un involuntario “Monster fat”, un equívoco que quedó en anécdota. El encuentro se produjo en el...









