Hoy 12 de septiembre de 2026, se cumplen cuatro años de su muerte. Y en cada bordón de cuatro, en cada armonía que se atreve a cruzar fronteras, en cada joven músico venezolano que encuentra su camino gracias a la plataforma que él creó, Aquiles Báez sigue vivo.
Porque él no fue solo un guitarrista: fue el hombre que demostró que la música de su país podía ser universal sin dejar de ser profundamente venezolana.
Hay artistas que interpretan la música de su tierra. Y hay artistas que la reinventan sin traicionarla. Aquiles Báez perteneció a esta segunda estirpe.
Fue guitarrista, compositor, arreglista y, sobre todo, un arquitecto de sonidos que tomó la tradición venezolana, la desnudó de prejuicios y la vistió con las armonías universales del jazz y la música académica. Su repertorio se paseaba con la misma maestría por el merengue venezolano, el bossa nova, la música clásica y los ritmos caribeños. No necesitaba elegir. Para él, la música era un continente sin fronteras.
Aquiles Alejandro Báez Reyes nació en Caracas el 1 de marzo de 1964 y falleció en Aquisgrán, Alemania, el 12 de septiembre de 2022, a los 58 años, mientras dormía, víctima de una falla cardíaca, en plena gira europea. Cuatro años después, su figura sigue siendo un faro para todos los que entienden que la tradición no es una jaula, sino un trampolín.
De La Vela de Coro a la escena internacional
Aquiles Báez nació en Caracas, pero pasó parte importante de su infancia en La Vela de Coro, en una casa del siglo XVII propiedad de su familia, cercana al lugar donde Francisco de Miranda izó por primera vez la bandera de tres colores de Venezuela en 1806. Esa casa, conocida como «La Casa Azul» , marcaría su vida y su obra: años después, compuso una canción con ese nombre que formó parte de su tercer disco y lo catapultó a la fama.
Comenzó a interesarse por la música gracias a su hermano mayor, Julio, quien le enseñó a tocar el cuatro. Luego estudió viola, mandolina y percusión. Su formación fue rigurosa: pasó por el Conservatorio Simón Bolívar de Caracas y más tarde cursó un semestre en el Berklee College of Music de Boston, donde después sería profesor. Esa institución le otorgó años más tarde el prestigioso Premio William Leavitt en reconocimiento a su talento.
En 35 años de carrera, editó 17 discos y participó en más de 200 grabaciones con otros artistas. Compartió escenario con figuras de la talla de Paquito D’Rivera, John Patitucci, Richard Bona, Simón Díaz, Ilan Chester y C4 Trío, entre muchos otros. No era un músico de un solo mundo: era un ciudadano de la música.
El precursor de la nueva música venezolana
Si hay una etiqueta que define a Aquiles Báez, esa es la de precursor de la nueva música venezolana. No se limitó a reproducir los ritmos tradicionales: los reinterpretó, los fusionó con el jazz y la música académica, y demostró que la música venezolana podía sonar en cualquier escenario del mundo sin perder su esencia.
Su repertorio favorito estaba basado en la música tradicional venezolana contemporánea, pero su curiosidad no tenía límites. Trabajó con música judía, con jazz, con proyectos de corrientes latinoamericanas. Su aproximación a los ritmos venezolanos —la síncopa, el 6/8, el merengue en 5/8, las amalgamas y polirritmias— era tan sofisticada que desarmaba a cualquiera que intentara clasificarlo. No era un folclorista. Era un compositor universal que escribía desde Venezuela.
Guataca: el legado más allá de la música
Pero si hay algo que define el legado de Aquiles Báez más allá de sus discos, es su labor como gestor cultural. Fue el fundador de Guataca, una plataforma creada para impulsar el talento emergente y difundir los proyectos de los músicos venezolanos en el mundo.
Aquiles no se limitó a construir su propia carrera: construyó el escenario para que otros pudieran brillar. Se convirtió en el «padrino» de una generación de músicos venezolanos, en el hombre que abría puertas, que conectaba, que tendía la mano a quien empezaba. Su generosidad, su amabilidad y su facilidad para transmitir conocimiento fueron las cualidades que más destacaron quienes lo conocieron.
Fundó Guataca, pero también dictó seminarios y talleres sobre composición y música venezolana en universidades de todo el mundo. Fue, en el sentido más puro de la palabra, un maestro.
El último acorde
En agosto de 2022, pocos días antes de morir, Aquiles Báez habló con El Estímulo sobre la gira que estaba a punto de emprender, la primera después de la pandemia. «Creo que es importante proyectar el trabajo que uno viene desarrollando en otras latitudes», dijo. «Me doy cuenta de que la música que yo hago es universal, no se limita únicamente a tocarle a la diáspora venezolana».
El tour comenzó el 31 de agosto en Barcelona y debía finalizar el 29 de septiembre en Lisboa, donde vivía su hija. Tenía planeado recorrer diez ciudades en España, Suiza, Francia, Alemania y Portugal. Su último concierto fue en Colonia, el 9 de septiembre. El siguiente estaba programado en París, el jueves 15. Nunca llegó.
Murió en la madrugada del 12 de septiembre de 2022 en Aquisgrán, Alemania, en casa de un amigo que le brindaba hospedaje. Tenía 58 años. Dejó dos hijos, dos discos más en mente —un libro de composiciones musicales y otro de canciones y piezas para guitarra— y una carrera que, aunque truncada, había dejado una huella indeleble en el patrimonio musical venezolano.
Cuatro años después
Hoy, 12 de septiembre de 2026, el calendario nos recuerda que han pasado cuatro años desde su muerte. Pero Aquiles Báez no se ha ido del todo. Sigue en cada «La Casa Azul» que alguien toca en una guitarra. Sigue en cada joven músico venezolano que encuentra su camino gracias a Guataca. Sigue en la memoria de sus compañeros, de sus alumnos, de todos los que alguna vez lo vieron tocar y sintieron que estaban presenciando algo irrepetible.
No fue un virtuoso que buscara el lucimiento personal. Fue un arquitecto de sonidos, un hombre que entendió que la tradición no se protege encerrándola en una vitrina, sino abriéndola al mundo. Y esa lección, cuatro años después, sigue siendo su legado más valioso.
Descansa, Aquiles. Tu música sigue siendo universal.
Aquiles Báez, en pocas palabras
- Nombre completo: Aquiles Alejandro Báez Reyes
- Nacimiento: Caracas, Venezuela, 1 de marzo de 1964
- Fallecimiento: Aquisgrán, Alemania, 12 de septiembre de 2022 (58 años)
- Causa: Falla cardíaca, mientras dormía, durante una gira europea
- Ocupaciones: Guitarrista, compositor, arreglista, productor, pedagogo, gestor cultural
- Formación: Conservatorio Simón Bolívar (Caracas); Berklee College of Music (Boston), donde fue alumno y después profesor; Premio William Leavitt
- Géneros: Música venezolana, jazz, bossa nova, música clásica, fusión
- Discografía: 17 discos en 35 años, entre ellos Aquiles Báez y su Música (1987), El Piache (1994), La Casa Azul (1994), Taratara (1997), La Canción de Venezuela (Vol. I y II, 2006), La Patilla (2007), A Mis Hermanos (2011), San Miguel (2015)
- Colaboraciones: Paquito D’Rivera, John Patitucci, Richard Bona, Simón Díaz, Ilan Chester, C4 Trío, Ensamble Gurrufío, entre muchos otros
- Legado institucional: Fundador de Guataca, plataforma para la difusión e impulso de músicos venezolanos
- Reconocimiento: Considerado uno de los precursores de la nueva música venezolana; su muerte fue lamentada por el ministro de Cultura de Venezuela, que destacó su «huella indeleble en el patrimonio musical venezolano»
- Frase que lo define: «Me doy cuenta de que la música que yo hago es universal, no se limita únicamente a tocarle a la diáspora venezolana»
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