Hoy 11 de septiembre de 2026, se cumplen treinta y nueve años de su muerte. Y en cada partitura que se revisa, en cada concierto que se programa, en cada estudiante que descubre su nombre, Ludovic Feldman sigue presente. Porque él no fue solo un violinista: fue un hombre que dedicó la primera mitad de su vida a interpretar la música de otros, y la segunda a encontrar su propia voz.

Hay artistas que empiezan pronto y hay artistas que esperan a estar listos.
Ludovic Feldman perteneció a esta segunda estirpe. Fue un violinista excepcional, concertino de algunas de las orquestas más importantes de Europa del Este, miembro de cuartetos de cámara, profesor y divulgador. Y a los cincuenta años, cuando muchos músicos ya han escrito su obra más importante, él empezó a componer en serio.
No fue una improvisación. Fue una maduración. Y el resultado fue un catálogo de obras que combinaban la tradición folclórica rumana con un lenguaje moderno, serial y profundamente personal.
Ludovic Feldman murió en Bucarest el 11 de septiembre de 1987, a los 94 años, tras una vida que abarcó casi un siglo de música. Treinta y nueve años después, su figura sigue siendo un ejemplo de integridad artística y de curiosidad sin límites.
De Galați a Viena: la formación de un violinista
Ludovic Feldman nació el 25 de mayo de 1893 en Galați, una ciudad portuaria en el este de Rumanía, a orillas del Danubio. Creció en una familia donde la música no era un lujo, sino una parte de la vida cotidiana. Sus primeros estudios musicales los realizó en su ciudad natal, entre 1903 y 1909, con los profesores Dicker y Otto Brumer.
Pronto se trasladó a Bucarest para continuar su formación en el Conservatorio, donde estudió violín con Robert Klenck y música con Dumitru Georgescu Kiriac. Pero su ambición iba más allá de las fronteras rumanas. En 1911, tras graduarse, se marchó a Viena para perfeccionarse en el Neue Wiener Konservatorium bajo la tutela de František Ondříček, un violinista checo de renombre internacional. Viena era entonces una de las capitales musicales del mundo, y Feldman absorbió todo lo que la ciudad tenía que ofrecer.
Regresó a Rumanía convertido en un violinista de primer nivel. En 1925 fue nombrado concertino de la Ópera de Zagreb, en Croacia, y al año siguiente regresó a Bucarest para ocupar el puesto de primer violín de la Ópera Nacional (1926-1940). Entre 1926 y 1940 también fue violinista y luego concertino de la Filarmónica de Bucarest, y entre 1930 y 1940 formó parte del Cuarteto Teodorescu, una de las agrupaciones de cámara más importantes de la época.
Durante la Segunda Guerra Mundial, las leyes antisemitas del régimen de Ion Antonescu lo apartaron de las orquestas públicas. Pero Feldman siguió trabajando: impartió clases, dio conciertos privados y, en 1941-1942, tomó lecciones de armonía, contrapunto y composición con Mihail Jora, uno de los compositores más importantes de Rumanía. Tenía casi cincuenta años. Y acababa de empezar de cero.
El despertar compositivo: la segunda vida
Tras la guerra, Feldman recuperó su puesto en la Filarmónica de Bucarest, donde fue concertino entre 1945 y 1953. Pero su interés por la composición ya no podía detenerse. Había estudiado el oficio con Jora, y pronto comenzó a escribir sus propias obras. No era un compositor precoz. Era un compositor maduro, alguien que había pasado décadas interpretando a los grandes maestros y que ahora tenía algo propio que decir.
Su primera gran obra sinfónica llegó en 1945: el Poem tragic (Poema trágico), una pieza que reflejaba el dolor de los años de guerra y persecución. Le siguieron la Sinfonía en Re (1947), las Cinco suites sinfónicas (1947-1960), el Poem concertant para violín y orquesta (1950, dedicado a su maestro Ondříček) y las Trei piese de concert para piano (1956-1957).
Pero si hay una obra que define su madurez compositiva, esa es la Simfonie concertantă pentru orchestră de coarde (Sinfonía concertante para orquesta de cuerdas, 1971-1972). Los críticos la consideran el momento de apoteosis de su visión compositiva, un punto en el que Feldman integró plenamente la técnica serial con la tradición folclórica rumana. No era un músico que rechazara la modernidad: la abrazaba, pero siempre desde una raíz profundamente rumana.
Otras obras importantes incluyen la Simfonie de cameră (Sinfonía de cámara, 1969), el Concert pentru flaut și orchestră de cameră (Concierto para flauta y orquesta de cámara), las Variațiuni simfonice (Variaciones sinfónicas, 1966), el In Memoriam (Annei Frank), un quinteto con clarinete dedicado a la memoria de Ana Frank, y el Cvintet nr. 2 para violín, viola, violonchelo, clarinete y piano.
El “cavaler al creației”: el hombre detrás de la música
Ludovic Feldman fue mucho más que un compositor. Fue un hombre de cultura, un divulgador y un pedagogo. Escribió artículos, dio conferencias, participó en programas de radio y televisión, y organizó conciertos-lección para acercar la música clásica al gran público.
Entre 1949 y 1956 fue responsable de la Oficina de Música Sinfónica y de Cámara de la Unión de Compositores de Rumanía, un cargo desde el que trabajó incansablemente por la difusión de la música contemporánea rumana. Fue nombrado Maestro Emérito del Arte al cumplir 80 años, un reconocimiento a una vida dedicada a la cultura.
George Enescu, el gran compositor rumano, fue uno de sus valedores. Lo recomendó con unas palabras que Feldman nunca olvidó: “realmente dotado para la composición — cuando digo realmente dotado, eso significa mucho”. También Mihail Jora y Zeno Vancea reconocieron su talento. Y él, a cambio, nunca dejó de estudiar, de aprender y de buscar nuevos caminos.
Feldman era judío, y esa condición le costó años de persecución durante la guerra. Pero su biografía lo describe como “un artista apegado al país y a los ideales de la cultura rumana”. Nunca renegó de su identidad ni de su patria. Siguió componiendo hasta el final, demostrando que la música no tiene fronteras ni credos.
Treinta y nueve años después
Hoy, 11 de septiembre de 2026, el calendario nos recuerda que han pasado casi cuatro décadas desde su muerte. Pero Ludovic Feldman no se ha ido del todo. Sigue en cada partitura que se rescata del olvido. Sigue en cada intérprete que descubre la fuerza de su Sinfonía concertante. Sigue en cada estudiante que aprende de su ejemplo que nunca es tarde para encontrar la propia voz.
Fue un violinista que dedicó su vida a la música de otros. Fue un compositor que empezó a los cincuenta. Fue un hombre que sufrió la persecución y respondió con belleza. Y fue, sobre todo, un arquitecto sonoro que construyó puentes entre el folclore y la vanguardia, entre la tradición y la modernidad.
Descansa, maestro. Tu música sigue sonando en las salas de concierto de Rumanía y del mundo.
Ludovic Feldman, en pocas palabras
- Nombre completo: Ludovic Feldman
- Nacimiento: Galați, Rumanía, 25 de mayo de 1893
- Fallecimiento: Bucarest, Rumanía, 11 de septiembre de 1987 (94 años)
- Ocupaciones: Violinista, compositor, profesor, divulgador musical
- Formación: Conservatorio de Bucarest (Robert Klenck, D.G. Kiriac); Neue Wiener Konservatorium de Viena (František Ondříček); estudios de composición con Mihail Jora (1941-1942)
- Cargos interpretativos: Concertino de la Ópera de Zagreb (1925-1926); primer violín de la Ópera Nacional de Bucarest (1926-1940); concertino de la Filarmónica de Bucarest (1945-1953); miembro del Cuarteto Teodorescu (1930-1940)
- Obra sinfónica: Poem tragic (1945), Sinfonía en Re (1947), Cinci piese pentru orchestră, In memoriam Anne Frank, Simfonie concertantă pentru orchestră de coarde (1971-1972), Variațiuni simfonice (1966), Odă simfonică
- Obra concertante: Poem concertant para violín y orquesta (1950), Concierto para flauta y orquesta de cámara
- Música de cámara: Cuartetos de cuerda, Cvintet nr. 2, Trei studii de concert para cuarteto de cuerdas y percusión, Simfonie de cameră (1969)
- Obra para piano: Trei piese de concert (1957)
- Reconocimiento: Maestro Emérito del Arte; recomendado por George Enescu como “realmente dotado para la composición”
- Legado: Uno de los compositores rumanos más importantes del siglo XX, cuya obra fusiona el folclore rumano con técnicas modernas como el serialismo
- Frase que lo define: “Realmente dotado para la composición — cuando digo realmente dotado, eso significa mucho” —George Enescu
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