El músico estadounidense, que formó parte de Weezer durante la grabación del “Green Album”, falleció el 8 de octubre de 2011 en un hotel de Chicago a los 40 años. Su muerte, por una sobredosis accidental, puso fin a una segunda vida como pintor que lo había reconciliado con el arte y, quizá, consigo mismo.
Michael Edward “Mikey” Welsh nació el 20 de abril de 1971 en Siracusa, Nueva York. Creció en una casa donde el arte no era un adorno, sino una presencia cotidiana. Su padre era pintor, y él mismo se formó como artista visual antes de que la música le cambiara la vida a los diecinueve años.
“Fue un pintor antes de pasarse a la música”, resume su biografía oficial. Esa frase, que en su momento pudo parecer una nota al margen, resultó ser la clave de todo su recorrido: el arte fue su primer lenguaje, y el último al que regresó.
Antes de Weezer, Welsh se curtó en la escena de Boston, tocando en bandas como Slost, Chevy Heston, Jocobono, Left Nut y Heretix, y girando con Juliana Hatfield. Eran años de locales pequeños, furgonetas compartidas y un aprendizaje que no se enseña en ningún conservatorio. En 1997 conoció a Rivers Cuomo, que lo reclutó para su proyecto paralelo, y un año después, cuando Matt Sharp dejó Weezer, Welsh ocupó su lugar en el bajo.
El “Green Album”: el disco que lo inmortalizó
La etapa de Welsh en Weezer fue breve, pero dejó una huella imborrable. Fue el bajista del Weezer homónimo de 2001, conocido por todos como el Green Album, el disco que devolvió a la banda a la primera línea del rock alternativo tras varios años de silencio.
Producido por Ric Ocasek, fue el único álbum de estudio de Weezer en el que Welsh participó. Canciones como “Hash Pipe”, “Island in the Sun” y “Photograph” llevan su bajo, su groove y su energía.
En agosto de 2001, sin embargo, abandonó la banda. La versión oficial habla de un colapso nervioso y de problemas de salud derivados del consumo de drogas. Welsh había luchado contra la adicción antes, y aquella gira lo llevó al límite. “Dejó la banda después de sufrir una crisis nerviosa”, confirmaba el sitio oficial de Weezer en aquel momento. Fue reemplazado por Scott Shriner, que sigue siendo el bajista del grupo hasta hoy.
La reinvención: de los escenarios a los estudios de arte
Lo que vino después no fue un declive, sino una reinvención. Welsh se retiró de la música para dedicarse por completo a la pintura. Se instaló en Burlington, Vermont, y construyó una carrera como artista visual que, en muchos sentidos, fue más satisfactoria que la musical.
Sus obras eran coloridas, instintivas y expresivas, pobladas de figuras primitivas a gran escala y abstractos que deconstruían su propio trabajo figurativo.
Sus referentes eran Jackson Pollock, Robert Rauschenberg, Picasso y Basquiat. Diseñó murales para parques de skate y tablas de skate y snowboard. “Sus obras son coloridas, instintivas y expresivas”, resumía una galería que expuso su trabajo. En 2006, una periodista que visitó su apartamento de Inman Square lo describió como un campo de batalla de pintura: “He hecho 17 cuadros en los últimos cuatro días”, le dijo Welsh. La urgencia creativa que había abandonado en la música la había recuperado en el lienzo.
El tuit premonitorio
Dos semanas antes de su muerte, Welsh escribió en Twitter algo que después se convirtió en un escalofriante testimonio: “Soñé que moría en Chicago el próximo fin de semana (ataque al corazón mientras dormía). Necesito escribir mi testamento hoy”. Lo publicó el 26 de septiembre de 2011. El 8 de octubre, su cuerpo fue hallado sin vida en la habitación del Hotel Raffaello de Chicago.
La policía no sospechó juego sucio. En la habitación encontraron medicamentos con receta y una bolsa con polvo blanco que se creyó que era heroína. La causa oficial de la muerte fue una sobredosis accidental, un ataque al corazón derivado del consumo de drogas. Tenía 40 años. Dejaba dos hijos.
Un legado sin artificios
Mikey Welsh no fue una estrella del rock en el sentido convencional. No llenó estadios con su nombre en las marquesinas ni protagonizó portadas de revistas. Fue algo más difícil de encontrar y más valioso: un artista en el sentido más amplio de la palabra. Tocó el bajo en uno de los discos más importantes de su generación, y cuando la música dejó de ser un refugio, encontró en la pintura un lenguaje nuevo.
Su bajo sigue sonando en cada “Hash Pipe” que suena en una radio de rock alternativo. Sus cuadros siguen colgados en las paredes de quienes los compraron, y en las tablas de skate que diseñó. Y su historia, la de un hombre que luchó contra sus demonios, que encontró en el arte una segunda oportunidad y que no pudo escapar de la adicción, sigue siendo un recordatorio de que la creatividad y la fragilidad a menudo van de la mano.
Welsh murió el 8 de octubre de 2011. Pero su arte, el que hizo con el bajo y el que hizo con los pinceles, no ha dejado de existir.
Mikey Welsh, en pocas palabras
- Nombre completo: Michael Edward “Mikey” Welsh
- Nacimiento: 20 de abril de 1971, Siracusa, Nueva York, EE. UU.
- Fallecimiento: 8 de octubre de 2011, Chicago, Illinois (40 años)
- Causa: Sobredosis accidental de drogas (ataque al corazón)
- Ocupaciones: Músico (bajista), pintor, artista visual
- Instrumento: Bajo, guitarra
- Géneros: Rock alternativo, power pop
- Bandas: Slost, Chevy Heston, Jocobono, Left Nut, Heretix, Homie, Weezer (1998-2001)
- Álbum clave con Weezer: Weezer (2001), conocido como el “Green Album”, el único disco de estudio de la banda en el que participó
- Canciones emblemáticas: “Hash Pipe”, “Island in the Sun”, “Photograph”
- Trayectoria artística: Se retiró de la música en 2001 para dedicarse a la pintura; influido por Pollock, Rauschenberg, Picasso y Basquiat; diseñó murales de skate parks y tablas de skate y snowboard
- Legado: Bajista del “Green Album” de Weezer, el disco que devolvió a la banda a la primera línea; su segunda carrera como pintor le dio una identidad artística propia más allá de la música
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