Hoy 10 de septiembre de 2026, se cumplen veintiún años de su muerte. Y en un mundo que insiste en etiquetarlo todo, la figura de Clarence «Gatemouth» Brown sigue siendo un hermoso recordatorio de que la buena música no entiende de fronteras.
Hay artistas que pertenecen a un género y hay artistas que pertenecen a todos. Clarence «Gatemouth» Brown fue de estos últimos: un músico de Luisiana y Texas que se negó a elegir entre el blues, el country, el jazz, el cajun o el rhythm & blues. No era que no pudiera decidirse.. Era que sabía tocar todo y le parecía absurdo renunciar a cualquiera de esas músicas.
Su guitarra podía rugir como la de T-Bone Walker y, al minuto siguiente, su violín podía mecerse en una polca cajún. Su voz, grave y chirriante como una puerta vieja, era inconfundible.
El 10 de septiembre de 2005, Clarence Brown falleció en Orange, Texas, a los 81 años, tras huir de la devastación del huracán Katrina. Veintiún años después, su legado sigue siendo un ejemplo de integridad artística y de amor por la música por encima de las etiquetas.
De Vinton a la leyenda
Clarence Brown nació el 18 de abril de 1924 en Vinton, Luisiana, y creció al otro lado de la frontera estatal, en Orange, Texas. Su padre, un trabajador ferroviario y músico aficionado, le enseñó a tocar el violín a los cinco años, y pronto añadió el piano, la guitarra, la mandolina, la armónica y la batería a su arsenal.
A los diez años ya actuaba con la guitarra, y en su adolescencia tocaba la batería en bandas de swing. Su apodo, «Gatemouth», se lo puso un profesor de instituto que dijo que tenía «una voz como una puerta». No era un cumplido, pero a él le gustó. Y se quedó con él para siempre.
El debut que lo cambió todo
La historia del debut de Gatemouth es una de esas anécdotas que definen una carrera. En 1947, asistía a un concierto de T-Bone Walker en el club Bronze Peacock de Houston cuando Walker enfermó y no pudo terminar su actuación. Brown, que había ido como espectador, subió al escenario, cogió la guitarra eléctrica que Walker había dejado y tocó «Gatemouth Boogie». La reacción del público fue tan entusiasta que el dueño del club, Don Robey, le ofreció un contrato discográfico en el acto.
Ese momento marcó el inicio de una carrera que duraría casi seis décadas. Robey fundó Peacock Records específicamente para grabar la música de Brown, y su primer single, «Mary Is Fine», alcanzó el número 8 de las listas de R&B en 1949. Le siguieron éxitos como «Okie Dokie Stomp», «Ain’t That Dandy» y «Boogie Rambler».
Un músico que se negó a ser esclavo del blues
A finales de los años cincuenta, Brown comenzó a sentirse frustrado con las limitaciones de ser etiquetado como músico de blues y R&B. En 1961 rompió con Robey y Peacock, y durante gran parte de esa década tuvo dificultades para encontrar trabajo. Llegó incluso a cambiar la guitarra por una placa de sheriff en el condado de San Juan, Nuevo México.
Pero fue Europa la que lo rescató. A principios de los setenta, las giras y grabaciones en Francia lo devolvieron a los escenarios, y con ellas llegó una reinvención personal y artística. En 1976 publicó Blackjack, y en 1979 grabó Makin’ Music junto al guitarrista de country Roy Clark, un disco que demostró que su eclecticismo no era una pose, sino una forma de entender la música.
En 1982 ganó el Grammy a la Mejor Grabación de Blues Tradicional por Alright Again!, un disco que lo consagró definitivamente. Le siguieron álbumes como One More Mile (1983) y Standing My Ground (1989), en los que siguió demostrando que el blues era solo una de sus muchas casas.
El violinista cajún que también era guitarrista de blues
Lo que hacía único a Gatemouth no era solo su habilidad con la guitarra, sino su capacidad para cambiar de instrumento y de género sin perder su identidad. Podía pasar de un solo de guitarra eléctrica afilado como un cuchillo a una melodía de violín cajún con la misma naturalidad con la que se respira. Su música era una sopa sabrosa de ingredientes: blues, zydeco, polcas austriacas, cajún, swing y jazz.
Era, en palabras de sus contemporáneos, «un americano original» que se negaba a ser clasificado. Y esa negativa no era una rebeldía vacía: era una declaración de principios. Para Gatemouth, la música no era un compartimento estanco, sino un río caudaloso en el que todo fluía junto.
El golpe de Katrina
En agosto de 2005, cuando el huracán Katrina se aproximaba a Nueva Orleans, Brown vivía en la comunidad de Slidell, Luisiana. Ya estaba enfermo: padecía cáncer de garganta y problemas cardíacos. Pero Katrina fue el golpe definitivo. Evacuó a la casa de su hermano en Orange, Texas, y desde allí vio cómo el huracán destruía su hogar y devastaba la ciudad que amaba.
«Fue un golpe demasiado duro para el anciano Brown, que perdió la ilusión por la vida», contó su amigo y músico Joe Krown. El 10 de septiembre de 2005, Clarence Gatemouth Brown falleció en Orange, Texas, a los 81 años.
No fue una víctima directa de Katrina, pero el huracán contribuyó a su muerte. La destrucción de Nueva Orleans, una ciudad que había sido su hogar y su fuente de inspiración, le rompió el corazón antes de que la enfermedad pudiera hacerlo.
Veintiún años después
Hoy, 10 de septiembre de 2026, el calendario nos recuerda que han pasado veintiún años desde su muerte. Pero la música de Gatemouth Brown sigue sonando. Sus discos de los ochenta y noventa, grabados para sellos como Rounder, Alligator y Verve, lo redescubrieron para el público americano y lo convirtieron en una figura reverenciada. En 1997 recibió el Pioneer Award de la Rhythm & Blues Foundation, y en 1999 fue incluido en el Blues Hall of Fame.
Pero más allá de los premios, lo que queda es su música. Una música que se negó a ser encasillada, que cruzó fronteras de género y de raza, que demostró que un hombre de Luisiana podía tocar blues, country, cajun y jazz con la misma autoridad. Gatemouth Brown no fue un músico de un solo estilo. Fue un músico de todos los estilos, y eso es algo que muy pocos pueden decir.
Descansa, Gatemouth. Tu música sigue cruzando fronteras que nunca debieron existir.
Clarence «Gatemouth» Brown, en pocas palabras
- Nombre completo: Clarence Brown
- Apodo: «Gatemouth» (por su voz grave, comparada con una puerta chirriante)
- Nacimiento: Vinton, Luisiana, 18 de abril de 1924
- Fallecimiento: Orange, Texas, 10 de septiembre de 2005 (81 años)
- Instrumentos: Guitarra, violín, piano, batería, mandolina, armónica, viola
- Géneros: Blues, country, jazz, cajun, zydeco, R&B, swing
- Debut profesional: 1947, club Bronze Peacock (Houston), tras la enfermedad de T-Bone Walker
- Sello clave: Peacock Records (fundado por Don Robey para él)
- Éxitos: «Mary Is Fine», «Okie Dokie Stomp», «Ain’t That Dandy», «Boogie Rambler», «Dirty Work at the Crossroads»
- Grammy: Mejor Grabación de Blues Tradicional (1982) por Alright Again!
- Reconocimientos: Pioneer Award de la Rhythm & Blues Foundation (1997), Blues Hall of Fame (1999)
- Colaboraciones: Roy Clark, Eric Clapton, Ry Cooder, Frank Zappa
- Contexto de su muerte: Evacuado de Slidell (Luisiana) por el huracán Katrina; falleció en Orange (Texas) tras perder su hogar y su ciudad
- Legado: Un «americano original» inclasificable, maestro de múltiples instrumentos y estilos, ejemplo de integridad artística por encima de las etiquetas
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