ISA CRUZ octubre 17, 2026
El pianista, arreglista y director musical falleció el 17 de octubre de 2009 en el Hospital Clínico de Barcelona a los 69 años, a consecuencia de un derrame cerebral. Fue uno de los solistas de jazz más destacados del panorama español y al mismo tiempo, el hombre invisible detrás de las carreras de Nino Bravo, Rocío Jurado, Lola Flores o Isabel Pantoja. Su vida fue la de un músico de músicos: indispensable, respetado y a menudo, desconocido para el gran público. Manuel Gas Cabré nació en Barcelona en 1940, en el seno de una familia donde el espectáculo era una herencia. Hijo del cantante lírico bajo Manuel Gas y de la bailarina Ana Cabré (hermana del actor y torero Mario Cabré), creció entre bambalinas en el ambiente teatral de los años cuarenta y cincuenta. Su hermano, Mario Gas, se convertiría en uno de los directores escénicos más importantes del país, y con él colaboraría en numerosas ocasiones hasta convertirse en su director musical de cabecera. Estudió en el Conservatorio Municipal de Barcelona con los maestros Gibert Camins (piano), Zamacois (armonía y composición) y Juan Masia (música de cámara). Su formación clásica era sólida, pero su vocación pronto tomó otro rumbo. En los años sesenta, la escena jazzística de Barcelona vivía un momento de efervescencia, y Gas se sumergió en ella sin reservas. El jazz como escuela de libertad En los años sesenta, Gas se fogueó con la crema del jazz internacional que visitaba Barcelona: Gerry Mulligan, Stéphane Grappelli, Guy Lafitte, Bill Coleman. Fue una época de aprendizaje intensivo, de noches en clubes, de improvisación sin red. “La fascinación por el jazz de todo músico de raza, que ve en ese género la máxima expresión de la libre inspiración y el virtuosismo”, escribió Carlos Toro en su obituario para El Mundo. Pero Gas no era un pianista de jazz al uso. Pronto se dio cuenta de que en Barcelona no podía competir con Tete Montoliu, el genio indiscutible del piano jazzístico español. Lejos de rendirse, tomó una decisión estratégica: se pasó al órgano Hammond y al piano eléctrico, instrumentos que le permitieron desarrollar una voz propia y diferenciada. Fue una elección inteligente, pero también reveladora de su carácter: no le importaba renunciar al lucimiento personal si con ello encontraba un camino donde pudiera brillar de verdad. La Tinto Brass Band y el éxito popular A finales de los sesenta, Gas se instaló en Madrid y comenzó a trabajar como músico de sesión en infinidad de grabaciones. Participó en los primeros pasos de la fusión del flamenco y el jazz junto a Pedro Iturralde, con quien formó una “parceria” especialmente productiva. En los setenta inició su carrera como solista adaptando éxitos pop del momento, tanto españoles como internacionales. Interpretó versiones de creadores tan distintos como Spencer Davis Group, Santana, Los Módulos, Bee Gees, Beatles o The Archies. Formó parte de orquestas como la Radio Topolino Orquesta (un homenaje nostálgico a las formaciones de baile de los años treinta y cuarenta) y estuvo al frente de otras como la Tinto Brass Band o la Latin Combo, con las que actuaba en las cavas dedicadas al jazz. Sus discos de la Tinto Band Bang, con Pedro Iturralde al saxo, se convirtieron en superventas y le dieron una fama inesperada en el circuito comercial. Pero aquello no era lo que Gas buscaba. Su corazón seguía en el jazz. El director musical de las grandes estrellas Si hay una faceta que define la carrera de Manuel Gas, es la de director musical. Durante décadas, fue el hombre de confianza de algunas de las voces más...



