ISA CRUZ octubre 6, 2026
El legendario y temperamental baterista de Cream falleció el 6 de octubre de 2019 en un hospital de Canterbury, Inglaterra, a los 80 años, tras una larga batalla contra una enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Fusiónó el rock con el jazz y la música africana, y su estilo innovador lo convirtió en uno de los bateristas más influyentes de la historia. Fue, en palabras de sus contemporáneos, la encarnación de la furia musical. Peter Edward “Ginger” Baker nació el 19 de agosto de 1939 en Lewisham, al sur de Londres, pocos días antes de que estallara la Segunda Guerra Mundial. Su padre, un albañil, murió en combate en 1943, y él creció en la pobreza junto a su madre, su padrastro y su tía. De niño fue un estudiante problemático, se unió a una banda callejera en su adolescencia y se vio envuelto en pequeños hurtos. Cuando intentó dejar el grupo, sus compañeros lo atacaron con una navaja. Su primera ambición no fue la música, sino el ciclismo: soñaba con correr el Tour de Francia. Pero a los 16 años, un accidente con un taxi le obligó a abandonar el deporte. “Siempre estaba golpeando los pupitres en la escuela”, recordaba. “Así que todos los niños decían: ‘Venga, ve y toca la batería’. Y simplemente me senté y supe tocar. Es un regalo de Dios. O lo tienes o no lo tienes. Y yo lo tengo: tiempo. Tiempo natural”. De los clubes de jazz a la banda que lo cambió todo Baker se formó en la escena del jazz londinense de finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Tocó con formaciones como las de Terry Lightfoot y Acker Bilk, pero su estilo —fragmentado, agresivo, articulado— no encajaba del todo en los moldes del jazz tradicional. En 1962, Charlie Watts lo recomendó para sustituirlo en Blues Incorporated, la banda de Alexis Korner, y allí conoció al bajista Jack Bruce y al organista Graham Bond. Aquella fue su escuela de verdad: el rhythm and blues, la improvisación, la energía cruda de los clubes londinenses. En 1966, Baker y Bruce se aliaron con Eric Clapton, que acababa de dejar los Bluesbreakers de John Mayall, para formar Cream. La banda fue uno de los primeros “supergrupos” de la historia, un power trío que fusionaba el blues, el rock y la psicodelia con una intensidad que nadie había escuchado antes. Baker no era un simple acompañante rítmico: era el motor, el hombre que empujaba la música hacia territorios inexplorados con sus patrones de batería poli-rítmicos y sus solos interminables. “Toad”: el solo que elevó la batería a la categoría de arte Si hay un momento que define la contribución de Ginger Baker a la historia de la música, ese es “Toad”, el solo de batería que grabó con Cream en Wheels of Fire (1968). No era una simple exhibición de técnica: era una composición, una narrativa rítmica que se extendía durante minutos y que Baker construía con una precisión de relojero y una furia de animal salvaje. “Toad” convirtió el solo de batería en una forma de arte autónoma, algo que nadie había logrado antes en el rock. Junto a “Sunshine of Your Love”, “White Room” y “Strange Brew”, Cream vendió más de 35 millones de discos y obtuvo el primer disco de platino de la historia por un álbum doble. Pero el éxito comercial era casi anecdótico para Baker. Lo que le importaba era la música, la exploración, el riesgo. Nigeria, Fela Kuti y el amor por los ritmos africanos Tras la disolución de Cream en 1968, Baker formó Blind Faith con Clapton...









