ISA CRUZ octubre 11, 2026
El músico croata, líder de la banda Majke y una de las figuras más importantes del rock de los Balcanes, falleció el 9 de octubre de 2026 a los 62 años. Fue encontrado sin vida en su apartamento de Zagreb por los miembros de su banda. Su voz áspera, sus letras sin filtro y su presencia escénica incendiaria lo convirtieron en un símbolo de una generación que encontró en el rock una forma de decir lo que nadie quería escuchar. Goran Bare nació el 16 de agosto de 1965 en Vinkovci, una ciudad del este de Croacia que a finales de los años setenta y principios de los ochenta, vivía una efervescencia musical extraordinaria. Creció en una familia trabajadora, y según contó él mismo, la chispa se encendió cuando, siendo un niño, vio a los Rolling Stones en la televisión. Aquel día decidió que la música sería su vida. No tenía un plan B. No lo necesitaba. Su primer grupo lo formó con apenas catorce años. Pero fue en 1984, con diecinueve, cuando fundó Majke, la banda que lo acompañaría —con interrupciones— durante más de cuatro décadas. La formación original incluía al bajista Nedjeljko Ivković “Kilmister”, el baterista Željko Mikulić “Korozija” y los guitarristas Ivica Duspara y Marin Pokrovac. El nombre, “Madres” en croata, era una provocación deliberada. Nada en Goran Bare era casual. El sonido de una ciudad que ya no existe Majke no eran una banda de rock al uso. Su sonido bebía de fuentes diversas: el garage rock de los Stooges y los MC5, el hard rock de Motörhead, el blues más primitivo, la energía del punk. No buscaban la sofisticación ni la experimentación. Buscaban la verdad. Y la verdad, en aquel contexto, sonaba a guitarras distorsionadas y a una voz que parecía arrancada de las entrañas. Su primer material promocional, “Majke zauvijek”, llegó en 1987. Pero el reconocimiento llegó en 1990, con su álbum debut, Razum i bezumlje (“Razón y locura”), que fue proclamado rock-album del año por la crítica croata. Canciones como “A ti još plačeš”, “Mene ne zanima” y “Budi ponosan” se convirtieron en himnos para una juventud que veía desmoronarse el país que conocía. Porque 1990 no fue un año cualquiera. Fue el año en que Yugoslavia comenzó a desintegrarse. Fue el año en que la guerra llamó a la puerta. Y Majke, sin proponérselo, se convirtieron en la banda sonora de aquel desmoronamiento. La voz de una generación que se rompía Razdor (“División”) llegó en 1993, en plena guerra. El título no podía ser más profético. Croacia estaba en llamas, las ciudades eran bombardeadas, las familias se rompían, y Goran Bare cantaba sobre todo ello con una crudeza que no admitía adornos. Su voz, áspera, rota, auténtica, se convirtió en el vehículo perfecto para expresar la rabia, el dolor y la confusión de un país que se deshacía. Vrijeme je da se krene (“Es hora de moverse”) llegó en 1996, cuando los ecos de la guerra aún resonaban. Y Teške boje (“Colores oscuros”) en 2011, tras la reunificación de la banda, se convirtió en uno de los mayores éxitos del rock regional de todos los tiempos, con seis premios Porin (el equivalente croata al Grammy) y once nominaciones. La canción homónima, “Teške boje”, es hoy un estándar del rock balcánico, una canción que habla de pérdida, de oscuridad y de la dificultad de seguir adelante. El hombre detrás de la leyenda Goran Bare no era solo un músico. Era una presencia. Su figura en el escenario, con su voz desgarrada y su energía incendiaria, era algo que había que ver para...









